¿Has escuchado sobre los micromachismos?

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Mgr. Angélica de la Parra

Con especial dedicatoria a los hombres que están intentando rebelarse contra el machismo en el que fueron educados y para aquellas mujeres que son madres y pueden hacer la diferencia al educar a sus hijos e hijas, con mayor razón si viven el machismo en alguna de las formas que diré a continuación.

El psicoterapeuta italiano Luis Bonino (1) ha descrito los micromachismos como aquellas pequeñas y continuas actitudes masculinas con las que se ejerce el dominio cotidiano de la mujer, mismas que impiden una relación equilibrada y por tanto saludable en la pareja como totalidad. El terapeuta clasifica en cuatro tipos los micromachismos pro es claro que pueden darse combinados o al mismo tiempo:

El primero es el micromachismo utilitario, es el más invisible porque es el más normalizado. Que deja a la mujer sin energía para nada más. Define al hombre como ayudante mientras a ella se le obliga a ejercer la gerencia del hogar teniendo que ser madre, cocinera, esposa, asistenta, gestora de deudas familiares o apoyos al trabajo del marido, psicóloga, acompañante social, secretaria para pedir citas médicas, la que espera con la comida lista, telefonista, portera y quien guarda la ropa masculina y pone las chanclas a la mano, muchas de estas órdenes son mudas no se piden solo con la actitud así que ni siquiera hay que agradecerlo, como pararse a calentar tortillas o ser quien pase la sal, cuide las plantas, etc.. Además se le delega el trabajo de cuidado de los vínculos con la familia propia y la política. El micromachismo utilitario es efectivo no por lo que hace, sino por lo que deja de hacer y toma a la mujer por objeto, la utiliza como si fuera empleada pero sin sueldo, horario o justicia.

El segundo es el micromachismo encubierto mismo que suele no ser percibido por la mujer, que acaba normalmente por reprimir sus deseos y hacer siempre lo que no quiere. El hombre logra esto creando una falta de intimidad, basados en su creencia de que pueden callarse o apartarse sin hablar sobre las decisiones por él ya tomadas, disponiendo de sí mismo, su tiempo y los recursos familiares, sin permitirle lo mismo a la mujer. Para esto crean silencios, imponen el no diálogo que obliga a la mujer a ejercer la telepatía. Con la sorda amenaza de que si reclama el marido resolverá su silencio con violencia, simplemente se irá de casa o se encerrará de alguna forma dentro de la misma.

El tercer micromachismo es el ninguneo. Este minimiza o anula lo que aporta u opina la mujer e implica la sobrevaloración de lo que aporta el hombre. El hombre realiza conductas de acecho, sí! como cuando se caza a una presa. Él espera que su pareja tome una decisión y se mueva y luego ¡zas! viene la crítica y el “yo lo hubiera hecho mejor”. Otro ejemplo, es cuando el hombre dice sí acepto pues hablar y renegociar, pero en realidad jamás ha pensado de forma seria y responsable el moverse de su posición, a lo más, hace concesiones como un Rey y suele culpar a la mujer por sus malas formas de pedir las cosas. Las acusan de tontas o de que actúan con malicia, y si ellas se enojan o reclaman, entonces pasan a ser exageradas o las llaman locas, histéricas. El resumen es que este comportamiento culpabilizador tiene su cara oculta al hombre que actúa siempre como juez, atento a la falta ajena y por ello nunca se siente culpable o responsable él mismo. Él siempre es inocente, tiene pretextos y auto-excusas. Se hace el tonto y el bueno, el que es inexperto para ciertas tareas como planchar o limpiar bien algo. Frases como “tú sabrás que hacer” con las tareas domésticas si es que la mujer va a trabajar son prueba de la resistencia pasiva y de distanciamiento en que todo cambie para seguir iguales.

La 4ª y última categoría es la coercitiva. Su característica es que el hombre utiliza su fuerza psicológica, o imposición económica, para de un modo directo intentar doblegar a la mujer, limitar su libertad, y sabotear su pensamiento, su tiempo o su espacio. Ejemplo de abuso del espacio pueden ser: La invasión de la ropa masculina por toda la casa, la utilización del sillón especial, que además exige el silencio de todos en casa mientras él toma la siesta, el control del control del televisor o el ocupar con las piernas abiertas todo el espacio inferior de la mesa. En cuanto al tiempo, la ideación de descanso y diversión a costa de la sobrecarga de la mujer, que empaca y hace y deshace todo para los días de campo o en el caso de que el varón decreta los fines de semana como sus días de futbol negándose a donar tiempo para disfrute de ella o para hacerse cargo de la diversión de todos en casa. Otro, es apelar a la superioridad de la lógica masculina para imponer ideas o conductas desfavorables a la mujer, suponiendo que tienen la única razón sin tener en cuenta los sentimientos o deseos ajenos ni las otras alternativas.

La importancia de los micro machismos está en el efecto de su uso combinado y repetitivo que crea un clima más o menos tóxico, de agobio y mortificación constantes, que sutilmente va encerrando y desestabilizando a la mujer que puede no saber incluso qué le está pasando, en donde está la trampa y el abuso. El tema da para más, pero a menos que piense Usted en tomar cartas en el asunto, por favor, comprenda, no es sincero alabar a la mujer ni el 8 de marzo, ni el 14 el febrero… ni el 10 de mayo.

(1) Bonino, L. (2009). Micromachismos, el poder masculino en la pareja “moderna”. Retrieved from Recuperado de: https://vocesdehombres.wordpress.com/35/

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